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#366escritoras

María José Navia nos recomienda #366 escritoras, y más...

Fleur Jaeggy
Suiza


1940-


“Hay que dejar en paz la tristeza de los demás. Es un jardín pequeño, una Arcadia frágil y delicada, no se la debería perturbar.”

Hoy quiero recomendar a una escritora extraordinaria que cumple 80 años justo un 31 de julio. La autora de una obra magnífica, con una observación despiadada sobre sus personajes y unos finales que te dejan sin aire. Se trata de la gran Fleur Jaeggy (Suiza, 1940)


Fleur Jaeggy fue educada, desde pequeña, en tres idiomas: francés, alemán e italiano. Sin embargo, escribe sus obras exclusivamente en italiano. Durante un tiempo trabajó de modelo y hoy es descrita como una “solitaria monumental” que rara vez da entrevistas.


Jaeggy tiene una amplia obra, aunque muchos de sus libros más importantes destacan por su brevedad. Casi todo puede encontrarse en español por Tusquets: como su novela de culto, Los hermosos años del castigo y, el que quiero recomendarles hoy, El último de la estirpe.


Los hermosos años del castigo la consagró en la escena literaria. En poco más de ochenta páginas, Jaeggy construye un mundo despiadado en un internado (que queda cerca del lugar donde murió Walser en la nieve) y la amistad que se da entre dos chicas. A la vez brutal y hermosa.


Pero yo hoy quiero recomendarles una colección de cuentos que es un librazo. Se llama El último de la estirpe y es absolutamente deslumbrante. Ahí pasean algunas de las obsesiones de Jaeggy (la infancia cruel) y personajes como Iosif Brodsky, Ingeborg Bachmann y Oliver Sacks.


Los cuentos de Jaeggy suelen ser muy breves y de gran intensidad. Una puñalada de hielo, un carámbano. Hay una frialdad que mira la vida con unos ojos a los que no se les escapa nada. Y sus finales son casi siempre demoledores.


El primer cuento es el más largo, “Soy el hermano de XX”, y nos enfrenta a la relación entre dos hermanos, en una familia que les da somníferos desde pequeños. Leemos: “Todos en casa tomamos somníferos. Los cuatro. Como otros comen fruta.”


El narrador cree que su hermana es una espía que quiere escribir sobre él: “Mi hermana se muestra demasiado atenta cuando hablo. Me acecha. Tal vez esté escribiendo mi historia, mientras todavía no me he muerto como mis padres.”


La muerte está también en todas partes. Leemos: “Una vez, cuando tenía ocho años, la abuela me preguntó: ¿qué quieres hacer cuando seas mayor? Y le contesté: quiero morir. De mayor quiero morir. Quiero morir pronto.”


También está en el cuento que le da el título a la colección, “El último de la estirpe”: “Dicen en Räzhüns que el último de una estirpe suele morir a manos de sus muertos, de sus hermanos. Caspar, cuando miraba los retratos, se preguntaba cuál de ellos sería su asesino.”


La amistad entre niñas, el tema de su novela Los hermosos años del castigo, también está aquí, en todo su esplendor, en “Agnes”. Leemos: “Conocí a Agnes el día en que cumplió doce años. Se había negado a apagar las velas.  Desde entonces somos inseparables. Como una enfermedad.”


Les dejo un par de citas más y me retiro.

 

“Es en cierto modo aterrador percatarse mediante una fotografía de que la propia madre estaba deprimida. Definitivamente deprimida. O tal vez tan sólo lo estuviera en aquel momento.”


“Hay que dejar en paz la tristeza de los demás. Es un jardín pequeño, una Arcadia frágil y delicada, no se la debería perturbar.”

 

©️ Foto encontrada en: https://www.andotherstories.org/authors/1177/