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#366escritoras

María José Navia nos recomienda #366 escritoras, y más...

Jean Rhys
Dominica


1890-1979


"So as soon as I could I lost myself in the immense world of books, and tried to blot out the real world which was so puzzling to me. Even then I had a vague, persistent feeling that I'd always be lost in it, defeated."

La melodía secreta de Jean Rhys (columna aparecida en El Mercurio) 


En las novelas de Jean Rhys siempre hay alguien cantando. Ya sea en bares de buena o mala muerte, o tarareando una melodía por las calles, las canciones recorren la obra de Rhys como una corriente subterránea. Un campo minado que hace que los personajes se enternezcan o desesperen. Así, por ejemplo, en Good Morning, Midnight (publicada por primera vez hace ochenta años) la protagonista a quien sus habitaciones le hablan, comienza a recordar con la triste melodía de Gloomy Sunday (conocida también como “la canción de los suicidas”). Un detalle, tal vez, pero uno bastante iluminador si pensamos que Jean Rhys vivió toda su vida atormentada por su voz.


Jean Rhys, su nombre real es Ella Gwendolen Rees Williams, nació en Dominica en 1890 y vivió allí gran parte de su infancia antes de emigrar a Londres para sus estudios y luego a Paris y otras capitales europeas. Era tímida y le costaba relacionarse con la gente (prefería la naturaleza, prefería la literatura) y, en esos tiempos imperiales, todas sus compañeras de clase la criticaban por su acento. Gwen hablaba raro y, cuando lo hacía, parecía incómoda. Ya más grande, y y navegando círculos sociales complejos, las burlas irían dirigidas a su tono, a hablar a ratos más fuerte de lo que correspondía.


 Su voz la hacía extranjera y así pasó también con su voz literaria. Su voz decía yo no soy de aquí. En su biografía de la autora, The Blue Hour (en honor a un perfume famoso por esos años y la hora del día favorita de Rhys), Lilian Pizzichini rescata los testimonios de otros escritores de la época que resaltan esa voz de Rhys que luego siempre parecía estar susurrando, casi a punto de desaparecer.


Le dijeron, en sus tiempos en la escuela de teatro, que no servía. Que su cuerpo no era el indicado, que su voz, que su personalidad. Y fue su tía Clarice (una de las pocas con quienes se relacionaría, siempre muy distante de sus padres y hermanos) quien la animó a tratar con la escritura. No costó mucho convencerla. Rhys amaba los libros. Al leer, se sentía, por fin, parte de la humanidad. Incluso, en su autobiografía inconclusa, Smile, please, comenta que, de niña, siempre imaginó que Dios era un libro. A veces grande, a veces pequeño, pero siempre difícil de entender. 


Y lo primero que escribe Rhys son sus recuerdos de una relación terrible (cuando termina su primer affaire, Rhys solo anota en su diario “I didn’t know, I didn’t know, I didn’t know’”). Su vida estuvo marcada por el desamor. No hay, creo, otra escritora que logre sumergirse en la tristeza de esa manera. Con esa cuota exacta de ironía y desamparo. Rebecca West, al reseñar After Leaving Mr. McKenzie (1931), la segunda novela de Rhys en la cual retrata una de sus experiencias amorosas más tristes, comentó que, para leer a Rhys, había que asegurarse primero de ser verdaderamente feliz. 


Sería la crítica constante a sus textos. La razón por la cual rechazaron publicarla tantas veces. Demasiado triste, demasiado desesperanzada. Eran tiempos de guerra y no, nadie quería hudirse. Luego de publicar Good Morning, Midnight  en 1939, Rhys  no escribe por casi treinta años. 


Y entonces vuelve a Dominica. Y con ello vuelven las ideas. Con el viaje y el regalo justo a tiempo, de una copia de Jane Eyre. Rhys quedó encantada. Ella necesitaba contar la historia de ese Caribe hermoso y violento – cuando pequeña, una de sus niñeras la hacía dormir contándole historias de zombies -- ella necesitaba contar de la soledad de Berta Mason (nombre impuesto por Mr. Rochester a su mujer). Porque Rhys sabía de nombres que funcionan como máscaras y el dolor que se esconde tras de ellos. Ella misma llevó distintos sobrenombres (Ella Gray, Olga Gray) hasta que el escritor Ford Madox Ford (editor de la importante Transatlantic review) la bautizó como Jean Rhys. Fue su mentor y amante. Y Rhys retrató su relación en la dolorosa Quartet (publicada en un primer momento como Postures (1929) y que sirve como correlato amargo de la también dolorosa  novela de Ford, El buen soldado). 


Pero su novela favorita sería Voyage in the dark (1934). 


Y el reconocimiento y los premios llegarían con Wide Sargasso Sea (1966), su vuelta de tuerca a la “loca del ático”.


    Esta semana se cumplieron cuarenta años de la muerte de Jean Rhys y The Guardian publicó un artículo sobre el hallazgo de una canción que escribiera la autora a uno de sus amigos, aquellos que frecuentaba en tantos hoteles de los que luego huía por deudas o excesos.  El año pasado, el escritor británico nacido en St. Kitts, Caryl Phillyps sacó una novela sobre la vida de Rhys, A View of the Empire at Sunset (mismo autor, que también a la Rhys, escribiera la precuela de Cumbres Borrascosas, The Lost Child, publicada en 2015). Pronto Minúscula pondrá en librerías Good Morning Midnight. Y, como la canción triste de siempre, la voz de Rhys va susurrando cada vez más claro, cada vez más fuerte.


Algunas citas: 


"Before I could read, almost a baby, I imagined that God, this strange thing or person I heard about, was a book. Sometimes it was a large book standing upright and half open and I could see the print inside but it made no sense to me. Other times the book was smaller and inside were sharp flashing things."


Y porque en Good Morning, Midnight, escribió pasajes como estos: "A room is a place where you hide from the wolves outside and that's all any room is."


“Mind you, I'm not talking about the struggle when you are strong and a good swimmer and there are willing and eager friends on the bank waiting to pull you out at the first sign of distress. I mean the real thing.You jump in with no willing and eager friends around, and when you sink you sink to the accompaniment of loud laughter”


"I am empty of everything. I am empty of everything but the thin, frail trunks of the trees and the thin, frail ghosts in my room. What is she doing here, the stranger, the alien, the old one?...I quite agree too, quite. I have seen that in people's eyes all my life. I am asking myself all the time what the devil I am doing here. All the time”


“I cry for a long time -- for myself, for the old woman with the bald head, for all the sadness of this damned world, for all the fools and all the defeated..."


Voyage in the dark / Jean Rhys:


"It's funny when you feel as if you don't want anything more in your life except to sleep, or else to lie without moving. That's when you can hear time sliding past you, like water running."
It's funny how well you can remember when you lie in the dark with your arm over your forehead. Two eyes open inside your head.
A lady -- some words have a long, thin neck that you'd like to strangle." (Jean Rhys)
I don't care,' I said. But I began to repeat the multiplication-table because I was afraid I was going to cry."


(Smile please. An unfinished autobiography/ Jean Rhys)


"For a long time I never slept except right at the bottom of the bed with the sheet well over my head, listening for zombies. I suppose someone came in and pulled it down or I would have suffocated."


"So as soon as I could I lost myself in the immense world of books, and tried to blot out the real world which was so puzzling to me. Even then I had a vague, persistent feeling that I'd always be lost in it, defeated."

 

©️ Foto encontrada en: https://www.anagrama-ed.es/autor/rhys-jean-895

                    

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